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Terra
La Coctelera

Jugando a Ser Dios

Él escuchó. Las horas pasaron y Pablo Gonzáles estaba absorto de este mundo. Su forma de vivir la vida había cambiado con un párrafo y una pregunta. Nadie podía saberlo, el joven se había abandonado al relato recordando aquellas oraciones que lo sumieron en una transición, en la que las palabras se materializaban en su mente como si fueran reales. Contemplando desde la lejanía, como un espía, él escuchaba en secreto un murmullo:

—El dragón rojo sobrevuela imperioso sobre el mar. Sus fuertes rugidos, enérgicos y profundos, se mezclan con el azaroso oleaje de un mar verdoso que estalla contra la arena blanca. La brisa se escucha solitaria, susurrando un lamento en tus oídos, y aunque aquella bestia de colosal tamaño se encuentra en muy mal estado, observas como sus fauces empiezan a cargar un flameante elixir— Declamó una voz grave sin dueño.

Él escuchó perplejo y maravillado, devorando aquella descripción con los ojos. Se había dado cuenta de que experimentaba algo diferente con solo oír esas palabras, pues aquella voz que narraba, no solo lo había puesto a imaginarse la escena, lo había sumergido en ella. Mas la pregunta que aquella voz hizo inmediatamente después de finalizar la descripción, lo hizo participe de una aventura inimaginable para cualquier mortal:

¿Qué haces? — determinó aquel susurro.

Imaginando mil y un formas de cómo escapar de aquel reptil mágico, Pablo había sido catapultado a un mundo del cual jamás quiso salir, encontrándose de pie sobre la arena, portando espada y escudo, escuchando la brisa y viendo la solemne figura de un gigante que lo asechaba.

El joven sonrió, atónito y ensimismado, pues alrededor ya no había aparatos, ni personas, ni un mundo gris y monótono, ahora solo estaba él, el mar, un dragón y un destino.

« Es como ser otro —Se dijo buscando una explicación a la nueva experiencia—. Es como estar en otro mundo».

El tiempo transcurrió de la mano de aquellas palabras y él se envolvía en un evento fantasioso que estaba lejos, muy lejos de ser real, pero que podía vivir en carne propia.

Acercándose lentamente, empezó a visualizar de donde provenía aquella voz: En medio del salón de videojuegos en el que se encontraba, un grupo de ocho personas, cada uno de ellos con hojas, portaminas y borradores, formaban un círculo alrededor del narrador que estaba oculto detrás de un teatrillo de madera.

—Disculpen— irrumpió entre los partícipes — ¿qué esta pasando aquí? —agregó mirando al que estaba tras el teatrillo, fijándose en los dados que tenía en su mano.

—Esto— subrayó la voz— Es Rol. —Contestó la voz sin salir de su escondite—.

II. La bienvenida

Luis Felipe Montañés miró por encima del teatrillo para observar a la persona que osaba interrumpirlo. Situado frente a él, un sujeto alto, delgado y un poco jorobado fruncía el ceño un poco extrañado. La luz que emitían los televisores, y los sonidos característicos de algunos videojuegos prorrumpían incesantes en el lugar.

—Ven mañana a las 2:00 PM y te explico bien de que se trata este juego— dijo Luis Felipe, el dueño de aquella misteriosa voz—.Pero ven con portaminas, lápiz, borrador y hojas en blanco para que empieces a jugar de una vez— Agregó.

Pablo estrecho la mano de aquel corpulento hombre con facciones barbáricas, que a pesar de estar sentado le llegaba un poco más abajo de los hombros. Luego observó como volvía a desaparecer detrás del teatrillo. La voz volvió a cobrar fuerza y la magia del relato volvía a transportar a aquellos que lo rodeaban a un mundo imaginario. Sintió como la piel se le volvió de gallina.

« Por lo menos se que es un juego —pensó Pablo mientras se alejaba de aquel grupo—. Mañana a las dos será».

Al día siguiente…

Pablo sentía el peso del sol barranquillero de las 1:30 PM sobre sus hombros, al salir de su apartamento. El calor era tan insoportable que el sudor corría sien abajo y empapaba la parte trasera de su camisa, en su espalda, cargaba el maletín que contenía todos los elementos que necesitaba para jugar. Iba contento, descendiendo por la 46. Su punto de reunión estaba a tan solo tres eternas cuadras.

La cita se iba a cumplir en el mismo salón de videojuegos en la que se acordó. SILMOS FOTOCOPIADORA, una casa - taller de dibujo – fotocopiadora – sala de videojuegos que está ubicado al lado de la tienda El Águila, en la carrera 46 # 65.

Al llegar al sitio, un rollizo anciano, el señor Álvaro Moscoso, abrió la chirriante reja de color blanco. No le dio la bienvenida, no lo saludó, ni siquiera lo miró. Solo abrió el candado de la reja y lo cerró.

En un principio al joven le pareció impropio el lugar para ser un salón de videojuegos, pues olía a guardado y la habitación era una sala de casa con una vitrina llena de portaminas viejos y borradores atiborrados, empotrada entre una fotocopiadora y un escritorio antiguo, lleno de pequeños memos color rosa fluorescente. Y para colmo, no había ningún aparato en la sala, solo escuchaba un tiroteo, la voz de Mario Bros, carros quemando llanta y la algazara de un montón en la lejanía. Dedujo en sus cavilaciones que el salón estaba cerca.

—Buenas— dijo para romper el hielo con un poco de nerviosismo—. Vengo a jugar R.P.G— agregó esperando alguna respuesta, como quien sabe de lo que habla.

El señor Moscoso se sentó tras el escritorio y la silla se quejó por el peso de su dueño. El corpulento hombre de cabellos blancos y disparatados, tenía el semblante más tieso del mundo, parecía una máscara.

—Por ahí— respondió encubriendo un bostezo, resquebrajando la comisura de lo que en aquella careta parecía un labio. Señaló con el índice una puerta de madera barnizada ubicada a su mano izquierda—. Son 5.000 pesos— añadió mirándole el bolsillo al joven.

Pablo no se exaltó, ni se quejó, pensó que por ser una sesión de ocho horas, valía la pena pagar esa cantidad de dinero, y más cuando encimaba un sándwich y toda la gaseosa que pudiera beber en ese tiempo. Sin demora Sacó su dinero y se lo entregó. El anciano verificó bajo la luz negra que el billete no era falso y rellenó un memo rosado con un garabato ininteligible, ultimándolo con la tinta azul de un sello. Se lo extendió diciendo: Ya puedes entrar y jugar.

El ambiente cambió totalmente. El sofocante calor de Barranquilla a las 2:00PM, se había extinguido por un refrescante aire acondicionado. Los sonidos emitidos por once aparatos de juego (tres Súper Nintendo, tres Sony Playstation, un Sega Génesis, tres Nintendo Ultra 64 y un Dreamcast) prorrumpían al unísono y sin compás, y un televisor Sony de 29'', trataba de aplacar a los demás, entonado a todo parlante Heart of swords el Ending de Samurai-X, una famosa serie anime de Japón.

Caminando sobre un césped de imitación que cubría el suelo, Pablo llegó hasta un semicírculo de sillas rojas ubicadas alrededor de una mesa baja, de madera y oscura. En medio de ellas, estaba sentado Luis Felipe, con una mano en el mentón y la mirada sumida en cavilaciones.

—Hola— saludó el visitante mientras se acercaba—. ¿Te acuerdas de mí?

Saliendo del trance en el que se encontraba, Luis se acomodo en la silla y con un ademán, indicó a su interlocutor que se sentara.

—Ayer me preguntaste sobre el juego— Contestó Luis Felipe—. ¿Quieres saber de que trata?

—Sí— dijo Pablo.

El anfitrión acomodó su antebrazo en los soportes de la silla, en su mano, tenía un dado con veinte caras que hábilmente trasladaba de dedo en dedo, su oreja cargaba un portaminas y el tono de voz se hizo más amistoso, más conversable.

III. ¿Qué es un juego de rol?

—Juego de Rol es un término psicológico que fue utilizado como una técnica terapéutica en sus inicios— empezó explicando Luis Felipe mientras movía las manos—. Varios psicólogos como Piaget y Vigotski, utilizaron este término para definir la interacción del ser con el entorno, logrando así, obtener distintos modelos de comportamiento—. Haciendo una breve pausa para aclarar sus ideas, meneó la cabeza como si se le hubiese perdido algo en ella—.Utilizado en un comienzo en los niños, los estudios demostraban que ellos eran capaces de imitar comportamientos sencillos, como ser papá o mamá, hasta algunos más complejos, como un policía, un astronauta o un guerrero—. Explicó sin saber que su oyente no entendía nada.

— ¿Cuándo pasó esto a ser un juego? —preguntó Pablo intrigado.

—Fue como en 1974 cuando esta experiencia terapéutica tomo un rumbo más lúdico para jóvenes y adultos— Contestó el barbárico aun analizando la fecha dada—. Fue con la creación de lo que vas a jugar ahora más tarde, Dungeons & Dragons (Calabozos & Dragones), un juego que en esa fecha proponía la capacidad de poder interpretar personajes complejos tales como magos, guerreros, Paladines y bribones, que actuando en situaciones fantásticas como luchas contra dragones, rescates de princesas y búsquedas de tesoros, planteaba una manera intelectual de pasar el tiempo.

— Y… ¿Qué pasa cuando juegas Calabozos & Dragones? —Preguntó Pablo aún sin comprender—. Es decir — Agregó para poder aclarar su pregunta— ¿Como es la temática del juego?

—Cuando juegas Dungeons & Dragons, creas un personaje ficticio y único que vive en tu imaginación y en la de tus amigos, conocidos como Pjs (personajes jugadores) durante el juego. —Contestó Luis volviéndose a llevar la mano al mentón y fijando su vista al piso—. También hay otra persona, esta persona es un DM (Dungeon Master) que es el encargado de crear las situaciones, generar los escenarios e interpretar a todas las personas que rodean a los PJ, estos personajes que interpreta el DM son conocidos como los PNJs (Personajes No-Jugadores) —. Agregó llevándose la mano al pecho, diciendo luego: Yo soy un Dungeon Master. Yo juego a ser Dios.

Luis soltó una carcajada después de esa última frase. Pablo hecho un vistazo, un poco apenado por el escándalo que hizo El Master, para ver como estaba el salón. Varios video-jugadores estaban encerrados en sus aventuras virtuales, disparos y explosiones reventaban en el lugar. Para el lado donde se estaba llevando la conversación, las sillas empezaban a llenarse, los PJs, estaban tomando sus asientos hacia otro mundo.

— ¿Qué pasa a lo largo del juego? — Cuestionó pablo sin regresar aun la Cabeza hacia el Master. Saludando a los que recién llegaban.

—A lo largo del juego, tú y tus amigos encararán las situaciones y explorarán los misterios que el DM les coloque. — Dijo Luis alzando un poco el tono de voz—. La interpretación del personaje que tú mismo hiciste, es la base principal del juego, ya sea desarrollando su personalidad hasta interpretando sus ademanes.

—Ajá y, aparte del portaminas y las hojas en blanco ¿Qué necesito para jugar? — preguntó el principiante mientras asomaba la cabeza por encima del teatrillo.

—Para jugar Dungeons & Dragons, necesitas el Manual del Jugador, donde encuentras todas las reglas necesarias para crear e interpretar tu personaje— comenzó a enumerar con los dedos. Empezó por el índice—. Necesitas una fotocopia de la Hoja de Personaje, que es como una hoja de vida en la que escribes todas las características del personaje, desde su nombre, pasando por las características físicas, hasta las habilidades y conocimientos que tiene—.Estiró el dedo medio—. También es necesario tener un juego de dados, un dado con cuatro caras, tres con seis caras, uno con ocho caras, uno de diez caras, uno de doce caras, otro con veinte y el más curioso, y similar a una pelota de golf, uno de cien caras—.Estiró el anular y luego agregó: Estos dados son los encargados de decidir, junto con un numero de reglas, si las decisiones que tomas por tu personaje, se pueden realizar o no.

El Master se agachó para recoger unos libros que tenía debajo de la mesa y se los colocó sobre las piernas.

—Adicionalmente el Dungeon Master, necesita la Guía del Master, que es un manual en el que se encuentran concejos, ideas y reglas para saber como crear una aventura y como realizar excelentes descripciones. — Extendió un libro azul, pasta dura con las letras Dungeon Master`s Guide impreso sobre la carátula—. También, necesita el Manual de Monstruos, que es un manual que lleva PNJs previamente realizados y que pueden ser utilizados en enfrentamientos contra los PJs—.Extendió luego un libro rojo, pasta dura con las letras Monster Manual impresas en ella.

Pablo quedó en silencio asintiendo con la cabeza. Observó los libros que tenia en sus manos y luego se los regreso a su dueño.

—Después de eso, solo necesitas la característica más importante y que no tiene precio alguno —Dijo el Master colocando su voz como la que había colocado el día anterior—. Imaginación muchacho, mucha imaginación.

Todas las sillas ya estaban ocupadas cuando la conversación terminó. Alrededor del Dungeon Master, en una especie de semicírculo, diferentes prototipos de personas tenían en sus manos Hojas de Personaje y portaminas. Luis extendió una Hoja de personaje y con una sonrisa preguntó: ¿Estas listo para jugar tu primera sesión?

IV. La sesión

La sesión se había establecido. El Master, encargado de describir y de generar las situaciones estaba listo, los jugadores, encargados de guiar el destino de sus personajes estaban ansiosos por comenzar la aventura.

La Realidad se distorsionaba a medida que las palabras salían de la boca del Master. Donde hubo pared, brotaban arbustos, Donde hubo envases de Coca-Cola, surgieron peñascos y donde alguna vez hubo un Playstation, brotó la entrada de una Caverna.

Los dados rodaron, el escenario se abrió y la inmersión fue instantánea. Una Voz, relataba lo que ocurría y mi imaginación solo podía dejarse llevar…

La habitación era gigantesca. Construida en su totalidad con fino mármol blanco, era sostenida por grandes pilares que se extendían hacia los cielos perdiéndose en lo alto.
Portando una espada larga y protegido con una armadura de cuero, me adentré en aquel cuarto colosal.

Ella, la Voz, dijo que en el ambiente se respiraba muerte, que había un sonido repetitivo y hondo. Ese sonido era la respiración de un ser que llevaba tiempo ahí, asechando a aquellas presas temerarias o estúpidas que se atreviera a pisar su propiedad.

Fueron mis deseos de riquezas, con miles de monedas de oro, objetos mágicos y una vida de lujos, las que me empujaron a dar mis primeros pasos hacia aquel insólito lugar.
Escuchaba la respiración de aquel que custodia el territorio, aquel temido por cualquier humano, más sabio que cualquier elfo y más rudo que cualquier orco. Su nombre era Khellendros, el más iracundo de todos los dragones que habitan esa tierra.

Detrás de aquel teatrillo, los dados retumbaron nuevamente. La Voz, menos trágica que antes, anunció buenas noticias.

Mientras avanzaba a paso lento, acompañado únicamente con valor y la danzante luz de una antorcha, escuché pasos que se acercaban por detrás. Empuñé fuertemente mi arma cuando vi las siluetas de dos personas que sigilosamente me asechaban por la espalda.

Hubo un silencio eterno. La Voz no dijo nada. Los dados giraron nuevamente por los aires, y en medio de la inmersión, juré que cuando cayeron retumbaron como pasos por el suelo…

Los pasos retumbaron sobre el mármol, dejé escapar una sonrisa y mi mano dejo de estrangular el metal. Aquellos dos eran mis amigos, uno era Fellas Burfoot, un gracioso ladronzuelo de la raza halfling que no alcanzaba el metro de alto desde su madurez, y el otro era Cerlyn Loo, un elfo silencioso conocedor del arte oculto de la magia negra.

Alejandro Duarte, un sujeto alto, moreno, y jorobado, era el encargado de controlar desde este mundo, el destino de Fellas Burfoot. Francisco Gaviria, un Joven de gafas y contextura delgada, velaba por Cerlyn Loo.

Escondidos detrás de los restos de un pilar caído, la voz profunda del Hechicero apenas se escuchaba.
-Khellendros ha despertado de su largo sueño.- Hizo una leve pausa antes de continuar, movió sus orejas puntiagudas y se concentró, luego se volvió hacia nosotros y agregó.- Tenemos que darnos prisa, es necesario encontrar el Orbe de los Dragones y retirarnos de inmediato.

La situación era tensionante, tanto Alejandro como yo, queríamos que nuestros personajes se llevaran algo más que una esfera para controlar a voluntad el brío de los dragones. Queríamos que ellos tuvieran riquezas y oro material.

Tanto el halfling como yo, no objetamos en la decisión del mago, no íbamos a discutir nuestras preferencias en la boca del dragón. El bribón, experto en detección de trampas, fue el primero en separarse del grupo, se ocultó en las sombras y desapareció.

El hechicero balbuceo palabras incomprensibles y se desvaneció frente a mis ojos, dejando únicamente una llovizna de estrellas. Otra vez me encontraba solo… el eco de mi armadura volvió a retumbar por toda la sala y la respiración de Aquel grande se volvió a pronunciar.

Alejandro y Francisco reventaron a carcajadas, la deficiencia de mi personaje para saberse esconder era el motivo de burla. La Voz, que hace rato no se dirigía a ninguno de nosotros, nos describía la situación…

Luego de avanzar cientos de metros, pasando sobre esqueletos calcinados y sangre seca, escuchando ruidos inexplicables y viendo sombras moverse, habían unas escaleras que ascendían hacía una habitación... en aquellos últimos escalones, el brillo del oro relucía como mis sueños. A lado y lado…

Me salí por un momento de aquella realidad, observé a los demás jugadores y me di cuenta de que ellos estaban tan pendientes de la descripción, que no se percataban del mundo que los rodeaba. No se daban cuenta de que el tiempo pasaba y que había alguien que los observaba.

Era como si estuvieran leyendo un libro con palabras escritas en el aire, era algo nuevo para mis sentidos, era como un éxtasis de imaginación, en el que la vida se escapa y se volvía otra. Cada palabra que salía de la boca del Master, se materializaba en el aire en una realidad construida por el pensamiento. Era algo mágico… único.

A lado y lado de las escaleras, había dos estatuas de forma humanoides sosteniendo espadas que descansaban desenvainadas sobre su pecho. Algo invisible hizo presión sobre mi hombro y una voz familiar susurró. –Ni lo pienses.

Me quedé congelado. Aquella voz del Sabio Oscuro se adelanto a mis acciones. Por el otro lado, una pequeña silueta se arranco de las sombras y hecho a correr en dirección hacia las escaleras. Antes de que Fellas pudiera tocar el primer escalón, una de las estatuas giró sobre sus piernas y le propino un golpe en el pecho con tanta fuerza, que lo elevó cinco metros de altura. En el aire se retorció de dolor, pues el golpe fue crítico.

No sabía que más hacer, mi imaginación exploraba un nuevo género de auto-explotación. Para mayor colmo, esa descripción fue tan real para mi cerebro, que las emociones se liberaron dejando escapar expresiones censuradas y movimientos bruscos.

Alejandro golpeó la mesa con ira y declaró sus acciones…

El halfling cayó al suelo. Pude observar su rostro atónito por lo sucedido, el golpe había sido grave pues la sangre se deslizaba por su boca. Mientras que él volvía en sí, yo arremetía con la fuerza de un toro a la segunda estatua que ya empezaba a moverse. Pasos sin dueños sonaron por las escalinatas… el mago iba a cumplir la misión sin nosotros.

La pelea transcurría como si fuese verdad. Cada espadazo, cada golpe y cada grito era descrito detalladamente por aquella voz que tenia un dueño… El Master.

Entre los jugadores el plan se resolvía interactivamente. Mientras que el halfling y yo peleábamos contra las estatuas, el hechicero se encargaría de buscar el Orbe entre aquel gran tesoro. Pero los planes se vinieron abajo cuando la descripción cambió su rumbo…

Después de propinarle un fuerte golpe a la estatua en un costado, ésta se desparramo por los suelos. El halfling, que estaba a unos cuantos metros, soltó una advertencia señalando con su pequeño dedo índice intentando avisarme.

El master saboreó la intriga con un pronunciado silencio, luego sonrió y continuó…

Solo al darme la vuelta fue cuando lo vi, un dragón de color azul plateado que clavaba su mirada en mí desde unos 15 metros de altura. Alcance a ver la muerte en sus ojos, todo se puso lento, mi corazón latía con fuerza y no escuchaba más que mis plegarias.

El halfling dio un salto acrobático hacia atrás para protegerse con las escaleras, yo apenas pude alzar mi escudo mientras me arrodillaba para cubrir más espacio. Khellendros aspiró con fuerza llenando sus fauces de lava ardiente. De reojo vi como desde las escaleras, el elfo surgía de la nada realizando un movimiento somático, finalizándolo con un movimiento estudiado en el que me señalaba a mí con un dedo y a Fellas con el otro.

La emoción estalló en la habitación, los gritos y los ojos exaltados eran los protagonistas en esos segundos de decisiones rápidas. Las risas nerviosas hablaban por sí solas.

El cono de fuego iluminó la habitación por completo. Las monedas de oro, millones de ellas resplandecieron por la extensión de aquel colosal cuarto. El fuego aun descendía lentamente para mis sentidos.
Un halito de estrellitas empezó a rodearme el cuerpo justo en el momento en que el fuego chocó contra mi escudo.

Sentí que me ardía el brazo…

Sentí que me ardía el brazo, el maleable metal se derramaba rápidamente como agua sobre la madera chamuscada que componía el escudo, pero algo sorprendente ocurría, mi piel se desvanecía como la de Cerlyn Loo hacía hace poco. El dolor, al igual que el intenso calor, eclipsaba como mis ojos. Lo ultimo que se escuchó, fueron las maldiciones de un dragón enojado.

Los suspiros se escucharon a unísono en la habitación. Todos descansaron de la presión de la aventura.

Cuando se hizo la luz nuevamente, aparecimos en los bosques de Tantevi, más allá de las montañas de Mistgray y lejos de la ruinas de Khellendros. Cerlyn nos había tele-transportado mágicamente a un lugar seguro.
Cuando detallé la escena, había un elfo cansado apoyado sobre su bastón, un halfling tan inocente que apenas recordaba lo sucedido y un hombre sorprendido, con el brazo chamuscado. El elfo no dijo nada, solamente sonrió, tomó un pañuelo y mostró el objeto deseado. Los tres soltaron una carcajada y continuaron su camino lleno de aventuras y experiencias, sumando una nueva al libro de las exitosas.

La sesión finalizó, las risas se liberaron y los recuerdos brotaron como si fueran reales. Los jugadores hablan de sus personajes en primera persona, como si cada una de las acciones las hubieran realizado ellos mismos.

La magia se empezaba a desvanecer, como los hechizos de Cerlyn Loo. Esta realidad empezaba a tomar nuevamente la misma cara de siempre, se dibujaba la trivialidad, desaparecieron las palabras de aquel libro invisible que se cerró, los ojos volvieron a tornarse normales, no exaltados, ni idos como minutos atrás.

Pero el Master sonrió. La voz volvió a pronunciarse y el libro quedo abierto para la próxima reunión de esta manera…

“Más allá de las montañas de Mistgray, sobre las ruinas de Khellendros, una silueta se dibuja en los cielos. Un bramido resuena hasta los bosques de Tantevi y aquel trazo, color azul plateado, incrementa su tamaño. Velozmente, se dirige hacía ustedes."

¿Qué hacen?

Pico Y Espuela

El coliseo estaba lleno, el aire caliente y el ambiente pesado. La ponzoña se enterró en su pecho pero él jamás la vio venir. Intentó recordar en que momento había descuidado su flanco, intentó callar un grito que se escapó desde sus adentros, pero todo se volvió escarlata y se desplomó sin fuerzas.

En medio del sopor recordó aquella época en la que sus ojos eran amarillos e inocentes, cuando su canto no levantaba ni a la gente, cuando su plumaje y armadura no eran dignos de admirar. Se vio picoteando débil y con miedo, se vio tímido y novato.

Con el tiempo, aquel digno ejemplar de la Primera Republica Francesa, aprendió el arte de Marte, aprendió a comportarse como Apolo y con su canto, aprendió a resucitar a Cristo. Viajó a Canara del Sur donde aprendió a alejar los demonios de la noche, pasó por Borneo, donde nadie deseo saborear su carne sagrada. Vio templos a su nombre en Sumatra, se recordó Amado por Julio Cesar en Roma, venerado en Inglaterra por el Rey Enrique VIII en aquel hermoso palacio de Whitehall, donde batalló por su reconocimiento, por su valor y gloria.

Con los ojos cerrados, escuchó el murmullo unísono que proclamaba su derrota, su contrario, tonto y majestuoso, le dio la espalda cuando hacia alarde de su pericia con las armas. Entonces Cantó y resucitó, Aprovechó el descuido de su contendiente y apretó nuevamente sus puñales, abrió los ojos cual tigre y se abalanzó sobre su inadvertida presa. Era un dragón cuyos ojos destellaban furia roja, era un bardo de la muerte cuyo canto entonaba odio. Soltó un Grito de batalla tal como el general griego Termistóceles lo hizo contra los persas.

Su valor, sorprendió a más de uno.

Sobre su victima, alzó su pico hacia los cielos, y entonando una ininteligible sonata reclamó su victoria ante los dioses.

Multiverso: Otro Día De Estos." href="http://cronicastinus.lacoctelera.net/post/2006/06/30/multiverso-otro-dia-estos-" rel="bookmark">Multiverso: Otro Día De Estos.

El lunes amaneció tibio y sin lluvia, Don Aurelio Escobar, dentista sin titulo y buen madrugador, abrió su gabinete a las seis. Apoyó una mano en la vidriera para sacar una dentadura postiza que estaba dentro de ella, sin reparar que ésta se encontraba todavía montada en el molde de yeso, el cual resbalo y se quebró en el suelo. Con el semblante rígido y sin expresar ninguna señal de disgusto, remango su camisa a rayas y se agacho a recoger los restos. No emitía sonido alguno, parecía acostumbrado a la situación, tenía mirada de sordo desentendido.

Cuando había terminado de recoger los pedazos de yeso partido, camino hasta el otro lado de la habitación y desecho los restos. El silencio invadía la habitación y él parecía no pensar en lo que hacía, se sentó en el sillón de resortes y empezó a ojear el periódico.
En la primera plana, se leía la noticia de que el alcalde se había vuelto loco.

Después de la ocho hizo una pausa para mirar el cielo por la ventana, pero recordó que en aquella habitación no había. Se sintió incomodo y en entre sus pensamientos juraba, que había visto la sombra de dos gallinazos en esa pared. Siguió leyendo con la idea aun en mente. La voz destemplada de su hijo de once años lo sacó de su abstracción.
-Papá.
-Qué.
-Dice el alcalde que te quiere pegar un tiro.
-¿Cómo? – Agregó exaltado -Dile que no estoy aquí.
Soltó el periódico. Su cara cambio de inmediato y pensó en tirarse por la venta. Luego se acordó que no había ninguna. En la salita de espera volvió a gritar su hijo.
-Dice que sí estás porque te está oyendo.
El dentista siguió examinando la pared. Y exclamó exaltado:
-¡Maldita sea!
El Dentista retomó el periódico y empezó a buscar la razón de la locura de aquel paciente en espera.
-Papá
-Qué.
Aun tenía esa expresión de hombre muerto.
-Dice que te perdona si esta vez le sacas la muela que sí esta mala.
Apresurado y con un movimiento extremadamente brusco, dejó el periódico en la vidriera.
-Bueno –dijo-. Dile que venga.

Tomo el sillón y lo alzo por encima de sus hombros, luego camino lentamente hasta quedar de frente a la puerta. El alcalde apareció en el umbral. Se había afeitado la mejilla izquierda, pero en la otra, hinchada y dolorida, tenía una barba de cinco días. El dentista vio en sus ojos marchitos muchas noches de desesperación. Y le Lanzó el sillón, directo al morro en su rostro.
La muela podrida voló hasta el otro lado de la habitación, con una sonrisa no correspondida el alcalde se elevó por más de dos metros y choco contra la pared, dejando ahora una pequeña ventanilla. Cayo inconsciente pero se notaba el alivio en su rostro.

-- Ahí tienes y sin anestesia –dijo el Dentista orgulloso por su buen trabajo.

Nota:Esta historia, proviene del cuento escrito por Gabriel Garcia Marquez " Un Día de Estos", asi que si quieren entender bien, les recomiendo lean esa historia primero. Hay que ponera a trabajar los cerebros.

La Agonía De Un Demonio

Abdul estaba de bruces sobre la hierba muerta. Sentía el olor a establo orinado, estregándose en el cuerpo. Sentía en la piel gris y brillante el rescoldo tibio de los últimos caballos, pero no sentía la piel. Abdul sabía que su verdugo había cometido el error más grande del mundo… lo había dejado vivo.

Permaneció varios minutos derrumbado en aquellos restos, recordando la cara del que había intentado asesinarlo. Cuando la fortuna le sonríe a algo tan feo y violento como la venganza, parece que nada, solo aquel demonio interno, existe, y tu estas destinado a cumplir su voluntad. Abdul alzó la mirada entre el llanto y la fetidez y sonrió. Sonrió por que vio a lo lejos la imagen de su de trasgresor.

Con paso vacilante se levanto del suelo tal zombi que remueve las arenas para saciarse de sangre, se llevo la mano al corazón, porque sentía como se le ennegrecía alimentado por la discordia del rencor. Caminó a paso lento, observó su piel grisácea de ceniza seca y recordó a su prometida atada y bañada en gasolina. Recordó aquel llanto. Recordó aquella mirada. Recordó aquel sonido, aquel olor.

Un mar de lágrima se desbocó semblante abajo, un llanto amargo se ahogó garganta adentro, la mano de Abdul se empuño sobre el astil de una pala interpuesta en su camino. Abdul volvió a sonreír.

Él sabía que todo purgatorio era un camino, un camino donde se veía reflejada la vida y todas las cosas que se habían construido con las manos a lo largo de ella. Ahora sabía que todo era una mentira, por que aquella vida de paz, aquella vida de amor, de abrazos y sonrisas, de felicidad y chocolate no se reflejaban por ningún lado y lo único que se llevaba en las manos era el arma con que se planeaba abrir las puertas del infierno.

Con cada paso el opresor se convertía en víctima y la presa en asesino. Abdul ya no era el vecino que sonreía despreocupadamente, ya no era el que jugueteaba con sus perros, ya no era el que creía en un mundo mejor. Ahora Abdul es un demonio que vive la agonía eterna del desconsuelo. Un espectro errante que se niega a desprenderse de su cuerpo, un alma en pena que clama por su descanso.

Abdul estaba cerca, ya podía conversar con la sombra de su victima, pero esta impía de manto oscuro no se atrevía ni a advertir a su amo del gran peligro que asechaba a sus espaldas y permaneció en silencio.

Abdul golpeo fuertemente la cabeza desprotegida de su asechado verdugo, el sonido brusco y seco que emito aquel cráneo combinaba perfectamente con el color de la sangre que brotaba de ella. Por lo menos así le pareció a Abdul en medio de su frenesí.

Vio como el cuerpo de aquel se desplomaba, vio como aquella sombra pérfida se ocultaba debajo de su amo herido. Vio las puertas del infierno abrirse delante de sus ojos.

Abdul sonrió.